SÍNDROME DE ASPERGER:

UN ENFOQUE MULTIDISCIPLINAR.

ACTAS DE LA 1.A JORNADA

CIENTÍFICO-SANITARIA

SOBRE SÍNDROME DE ASPERGER

(Sevilla, 9 de Junio de 2005)

 

Asociación Asperger Andalucía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ASPECTOS NEUROBIOLÓGICOS

DEL SÍNDROME DE ASPERGER

 

 

Dr. Josep Artigas

Neuropediatra y psicólogo. Jefe de la Unidad de Neuropediatría. Centro   de   Medicina   Reproductiva   Atención   a   la   Infancia   y Adolescencia. Hospital de Sabadell. Director del Centro Psyncron.



 

 

¿Qué es el Síndrome de Asperger?

 

El SA es un trastorno del desarrollo, de base neurobiológica, que afecta al funcionamiento social y al espectro de actividades e intereses. Está vinculado a una disfunción de diversos circuitos del cerebro.  Tomando  en  consideración  que  el  déficit  nuclear  del Síndrome de Asperger (SA) es el trastorno de la cognición social, parece  razonable  atribuir  un  papel  central  a  la  amígdala  y  a  la relación entre la amígdala y circuitos frontoestriados, temporales y cerebelo, estructuras involucradas en el desarrollo de la  relación social.

 

Puesto que el SA es un trastorno del neurodesarrollo, comparte características propias de los problemas del desarrollo del sistema  nervioso en general.

 

Las características comunes de dichos trastornos son:

 

Las  mismas  manifestaciones  pueden  aparecer  en  cualquier individuo normal. Es fácil entender que los síntomas que se consideran típicos del SA, tales como los problemas para la interacción social, o la falta de flexibilidad mental, son muy comunes entre la población general; y se consideran rasgos de personalidad o una forma de ser, antes que una manifestación patológica. Los síntomas nucleares del SA no difieren cualitativamente de aspectos propios de cualquier individuo, sino que la diferencia está en la expresión exagerada de alguna de estas características, hasta el punto de interferir con la vida social.

 

Los límites entre el trastorno y la normalidad son muy imprecisos. De acuerdo con la afirmación anterior, se atribuye la categoría de trastorno en base a unos criterios arbitrarios, que no responden a ninguna otra justificación que la de seleccionar grupos de individuos  que  pueden  requerir  algún  tipo  de  soporte  o  trata- miento que les haga más fácil su vida en sociedad y reduzca el ele- vado grado de insatisfacción que les puede ocasionar su soledad o falta de adaptación. De todos modos, si no se entiende el SA como una dimensión con una distribución continua, no serian comprensibles los nuevos modelos genéticos basados en la transmisión de rasgos cuantitativos.

 

No existen marcadores biológicos. Si bien los estudios neurofisiológicos,  y  sobre  todo  de  neuroimagen,  están  aportando  una información muy valiosa respecto a los mecanismos neurobiológios que determinan las manifestaciones del SA, no hay ninguna prueba biológica que permita diagnosticar o descartar el SA. Esta característica,  incide  en  la  arbitrariedad  del  diagnóstico,  basado siempre en criterios que permiten un cierto grado de subjetividad en su interpretación.

 

Alta tasa de comorbilidad. Debido a la implicación de circuitos corticoubcorticales y neurotransmisores relacionados con diversos trastornos del desarrollo. No es extraño que el SA esté asocia- do a otros trastornos de neurodesarrollo, en los cuales están implicadas las mismas estructuras neurológicas y los mismos neurotransmisores.

 

No existen unos límites definidos entre unos y otros trastornos. Ocurre con frecuencia, que según el profesional que atienda un paciente  con  SA,  se  pueden  dar  diagnósticos  distintos  al  de  SA. Aunque no siempre, en algunos casos, esta ambigüedad diagnóstica puede estar plenamente justificada, pues un mismo paciente puede compartir criterios diagnósticos de dos o más trastornos del neurodesarrollo;  de  tal  modo,  que  resulte  difícil  establecer  con rigor  el  diagnóstico  de  SA  u  otro  trastorno,  como  puede  ser  el Trastorno de Déficit de Atención/Hiperactividad (TDA/H) u otros.

 

Es importante, pues, identificar correctamente los aspectos primarios y nucleares de los trastornos teniendo en cuenta siempre, la historia del desarrollo del individuo en orden a establecer un diagnóstico apropiado.

 

Para  entender  tanto  el  SA  como  sus  procesos  comórbidos  es necesario abordar los mecanismos cognitivos subyacentes al nivel más simple. Es preciso aproximarnos al conocimiento del funciona- miento del cerebro del niño con SA, para ver como ciertas disfunciones se aproximan o coinciden con disfunciones propias de otros trastornos.

 

Las modernas aproximaciones cognitivas al SA, de forma prácticamente  unánime,  hacen  referencia  a  las  funciones  ejecutivas

derivadas de la actividad del córtex prefrontal y estructuras vinculadas al mismo (amígdala, cerebelo, lóbulo frontal).

 

Comorbilidad del Síndrome de Asperger

 

En  la  mayoría  de  los  casos  de  SA  las  manifestaciones  más importantes  se  ubican  en  el  plano  cognitivo  y  conductual,  con unas  características  bastante  específicas.  Sin  embargo,  en  una parte importante de niños con SA , existe comorbilidad, con otros trastornos. Las manifestaciones comórbidas que pueden asociarse al SA  se resumen en la Tabla I

 

 

TABLA I. COMORBILIDAD EN EL SÍNDROME DE ASPERGER

- TORPEZA MOTORA / TRASTORNO DEL DESARROLLO DE LA COORDINACION

- SÍNDROME DE TOURETTE / TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO

- TRASTORNO DE DÉFICIT DE ATENCIÓN-HIPERACTIVIDAD/DAMP

- TRASTORNO ESPECIFICO DEL LENGUAJE / DISLEXIA / HIPERLEXIA / TRASTORNO SEMANTICO-PRAGMATICO.

- TRASTORNO DEL APRENDIZAJE NO VERBAL

- DEPRESIÓN / ANSIEDAD

 

 

 

El Trastorno del Aprendizaje no Verbal (TANV) es un síndrome que se caracteriza por déficit primarios en la percepción táctil y visual, en las habilidades de coordinación psicomotora  y en la destreza   para   tratar   con material   o   circunstancias nuevas. Presumiblemente, una de las áreas de mayor preocupación, son los problemas   sociales y emocionales que presentan. Dichos problemas podrían ser el resultado de las dificultades en el procesamiento de la información no verbal y espacial, provocando  los fallos y las malas interpretaciones de las señales sociales sutiles vinculadas a la comunicación no verbal. Por tanto, a los niños con TANV, les resulta difícil comprender las expresiones faciales, los gestos y los tonos  de  voz.  Este  hecho,  puede  conducir  al  aislamiento  social. Algunos niños, intentan aliviar el aislamiento entre sus compañeros interactuando únicamente con los adultos, más receptivos a sus habilidades  verbales,  menos  sensibles  a  su  torpeza  motriz,  y  en general más comprensivos.

 

 

Muchas de las características que se han descrito para el TANV, se superponen a las propias del SA. Incluso se podría afirmar que

el TANV y el SA podrían representar varios grados de severidad del mismo “continuum” neurocognitivo.

 

Sin embargo, también es posible, descubrir algunas diferencias, e incluso intuir unos límites entre ambos trastornos. Podría afirmarse que una parte de los niños con TANV cumplen criterios del DSM-IV para el SA, sin embargo no todos los niños con TANV muestran un déficit social tan grave, ni cumplen todos los criterios de SA. En el TANV no es habitual que presenten rutinas y rituales comportamentales y patrones inusuales del lenguaje tan marcados como en el SA. Por  el  contrario,  uno  de  los  componentes  s  característicos  del TANV, el déficit visuoespacial, no suele ser tan acentuado en el SA.

 

Pruebas complementarias

 

No hay ninguna prueba biológica diagnóstica para el SA, por tanto solo deben realizarse aquellas que estén orientadas a una manifestación comórbida (por ejemplo, un EEG, preferiblemente de sueño, para ayudar al diagnóstico de una epilepsia), o en casos raros en que se sospeche una etiología específica. Algunos expertos consideran conveniente la práctica sistemática de un cariotipo, además del estudio molecular para el SXF.

 

No es útil, ni sensato, solicitar de forma sistemática estudios de resonancia magnética o TAC craneal, estudios sobre  enfermedades metabólicas y potenciales evocados; sin embargo, en casos concretos, racionalmente seleccionados, pueden  aportar datos interesantes.

 

Menos justificado está todavía solicitar pruebas de alto nivel tecnológico, cuya utilidad en el SA está restringida al uso experimental, de   acuerdo               a           protocolos        de         investigación    (PET,              SPECT, Magnetoencefalografia,  RM  funcional).  Para  llevar  a  cabo  estas pruebas se deben cumplir unos mínimos requerimientos éticos: con- sentimiento informado y financiación por una beca de investigación.

 

Pero  en  modo  alguno,  estas  consideraciones  excluyen  que todo niño con SA sea sometido a un riguroso examen neurológico orientado a descubrir estigmas o alteraciones que puedan sugerir una etiología específica. En este sentido, se investigará la presencia de manchas, sugestivas de enfermedades neurocutaneas y dismorfias sindrómicas. También es necesario valorar el déficit motor, con el fin de excluir otros trastornos neurológicos con alteración de la coordinación motora.

 

Tratamiento farmacológico del Síndrome de Asperger

 

No existe ningún fármaco específico para el SA, sin embargo es muy importante tratar algunos síntomas. Puesto que los resultados sobre el uso de psicofármacos en el SA están ampliamente avalados por la experiencia; en todos los casos resulta necesario

plantearse la pregunta de si es posible mejorar los síntomas de un niño con SA mediante la prescripción de una medicación. No parece prudente, ni posiblemente sensata, una actitud obcecadamente abstencionista.

 

Cada paciente es distinto y cada edad merece unas consideraciones específicas por lo que respecta a la respuesta a los fármacos. Sin  embargo,  es  recomendable  seguir  unas  normas  generales orientadas  a  optimizar  el  uso  de  los  psicofármacos  (Tabla  II).  La introducción lenta de un fármaco permite minimizar posibles efectos secundarios que, en ocasiones, desaniman a la familia a seguir administrando  un  producto  considerado  como  negativo  por  el hecho de haber producido manifestaciones indeseables. La introducción lenta permite, asimismo, ajustar la dosis de la forma más precisa porque cada paciente puede responder de modo distinto.

 

 

TABLA II. PRINCIPIOS GENERALES PARA EL TRATAMIENTO DEL SÍNDROME DE ASPERGER.

- Vamos a tratar síntomas

- Se debe empezar a dosis muy bajas y hacer una escalada lenta

- En la medida de lo posible, cuando sea pertinente, deben utilizarse escalas de conducta que permitan valorar la respuesta

- No debe mantenerse un fármaco si no hay una clara evidencia sobre su eficacia

- Periódicamente debe suprimirse la medicación para valorar si sigue siendo necesaria

- En general, cada fármaco requiere unos controles específicos

- Valorar mediante cuestionarios específicos posibles efectos secundarios

- “Natural” no es sinónimo de “inocuo”.

 

 

 

Una de las mayores dificultades a la que nos enfrentamos con el uso de psicofármacos estriba en valorar su eficacia. A diferencia de otras enfermedades de síntomas objetivables o cuantificables por métodos técnicos, en el SA la mejoría se basa casi exclusiva- mente en la opinión de padres o educadores. Es necesario disponer de escalas que permitan cuantificar el síntoma o los síntomas que estamos tratando, para tener la certeza de que el efecto beneficioso de la medicación alcanza más allá del razonable deseo de obtener una mejoría.

 

Para los problemas de atención e hiperactividad puede ser útil la escala de Conners. También es necesario recabar la opinión de distintos  observadores  en  situaciones  diversas.  Por  ejemplo,  es posible que una respuesta favorable al metilfenidato se aprecie en el colegio, pero sea imperceptible en casa, como consecuencia de que al terminar el horario escolar el efecto del medicamento ya haya  pasado.

 

Puesto que los fármacos aplicados al SA ‘no curan’, se hace totalmente necesario llegar a la certeza de su efecto favorable sobre determinados síntomas. Si no es éste el caso, no hay razón alguna para mantener una medicación. Es necesario también que periódicamente se suspenda el fármaco con el fin de valorar si su eficacia se mantiene. Dado que los síntomas del SA se relacionan con  el  desarrollo  del  sistema  nervioso,  puede  variar  tanto  la expresión de los mismos como la respuesta a la medicación. Por lo  tanto,  el  hecho  de  establecer  periódicamente  intervalos  sin medicación permite conocer cuál es el curso natural del trastorno e ir actualizando la pauta terapéutica. Durante los períodos de descanso se puede dejar de administrar la medicación o bien recomendar un placebo, en cuyo caso la valoración será s precisa Según la medicación administrada será necesario establecer controles analíticos o de otro orden, específicos para cada fármaco.  De  este  modo  podrán  evitarse  posibles  efectos  secundarios que, aunque infrecuentes, no deben dejar de tomarse en consideración. En este mismo sentido se recomienda facilitar a la familia una hoja que permita valorar, mediante la observación, posibles efectos secundarios.                                                                                                                                                                             

 

Debe  existir,  por  tanto,  un  espíritu  crítico  para  no  aceptar aquello que no venga avalado por ensayos clínicos y un control de calidad en cuanto a la composición y concentración del producto.

 

Los síntomas susceptibles de recibir tratamiento se exponen en la tabla III. De acuerdo con las manifestaciones que se presenten en cualquiera de estos grupos, podrá recomendarse un tratamiento ajustado a cada caso. Dada la complejidad sintomática del SA

no debe excluirse la politerapia.

 

 

 

TABLA III. SÍNTOMAS QUE PUEDEN TRATARSE.

- Epilepsia

- Trastorno de déficit de atención/hiperactividad

- Trastornos de conducta

- Depresión

- Ansiedad

- Tics

- Síntomas obsesivos

-Trastorno del sueño

 

 

La  tabla  IV  muestra  de  forma  esquemática  los  fármacos  que pueden  utilizarse  para  cada  una  de  las  manifestaciones  conductuales más relevantes del SA.

 

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TABLA IV. FARMACOS UTIZADOS EN EL SINDROME DE ASPERGER

TRASTORNO DE DÉFICIT DE ATENCIÓN/HIPERACTIVIDAD

Metilfenidato

Atomoxetina

 

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN

Fluoxetina

Fluvoxamina

Paroxetina

Sertralina

 

PROBLEMAS OBSESIVOS

Fluoxetina

Fluvoxamina

Paroxetina

Sertralina

Risperidona

 

MUTISMO SELECTIVO

Fluoxetina

 

INESTABILIDAD EMOCIONAL

Valproato

Carbamazepina

Gabapentina

Topiramato

Litio

 

TICS/ESTEREOTIPIAS

Clonidina

Pimozide

Risperidona

 

PROBLEMAS PARA DORMIR

Melatonina

Clonidina

 

PROBLEMAS GRAVES DE CONDUCTA/ AGRESIVIDAD

Risperidona

Aripiprazol

 

 

 

 

Estimulantes

 

Los estimulantes son los fármacos más utilizados para tratar el TDA/H. Dado que su descubrimiento se remonta a más de 50 años,

se  conoce  sobradamente  su  acción,  su  tolerancia  y  sus  efectos secundarios. Entre los estimulantes, el único disponible actualmente en nuestro medio es el metilfenidato. Su eficacia se ha demostrado ampliamente con una tasa de respuesta favorable del 60 al 90%.

 

En  general,  no  se  recomienda  administrarlo  a  menores  de  4 años, aunque no se excluye, en casos con importantes problemas de conducta e hiperactividad utilizarlo en niños de 3 años, si bien la respuesta terapéutica suele ser más limitada en las edades tempranas. Se recomienda iniciar el tratamiento a partir de dosis bajas de 2,5 mg, e ir incrementando progresivamente hasta alcanzar la dosis óptima de acuerdo con la tolerancia y la respuesta. La máxima dosis recomendable es de 60 mg/día. Se administra en dos o tres  tomas  al  día,  aunque  en  casos  especiales  pueden  llegar  a administrarse cuatro dosis. Los intervalos son de cuatro horas, aun- que pueden acortarse o alargarse en función de la duración del efecto. Si bien los niños con SA pueden responder con dosis bajas, es  recomendable  aumentar  hasta  la  dosis  máxima  y  el  límite  de tolerancia en caso de no obtener respuesta.

 

La valoración de la respuesta puede hacerse a los pocos días de haber iniciado el tratamiento. A diferencia de otros fármacos psicótropos no es necesaria una subida lenta de las dosis. En el plazo de una a dos semanas se puede alcanzar la dosis prevista, sin que suelan observarse mayores problemas que con un aumento lento. Con respecto a las comidas, pese a que la absorción mejora ligera- mente si se administra fuera del horario de comidas, no hay motivo suficiente para contraindicar que se administre antes o después de las mismas, según las preferencias de cada uno.

 

Los efectos secundarios son relativamente benignos. Los más comunes  son:  pérdida  de  apetito,  efecto  rebote,  insomnio,  tics, excitación, dolor abdominal y cefalea. El efecto sobre la estatura, muy  valorado  años  atrás,  no  se  ha  mostrado  relevante  desde  el punto de vista clínico. No hay, por tanto, ningún argumento basado en los efectos secundarios que sugiera períodos de descanso.

Tampoco  existe  una  contraindicación  para  administrarlo  en  caso de epilepsia bien controlada, ni mucho menos en caso de alteraciones electroencefalográficas.

 

En la práctica, el principal problema que surge con el metilfenidato es la corta vida media del medicamento. Para obviar este inconveniente han surgido diversas alternativas, tanto dentro del grupo de los estimulantes como entre otros grupos de fármacos. Por lo que respecta a los estimulantes, han aparecido formas de absorción lenta o combinaciones de varias anfetaminas que prolongan la acción farmacológica.

 

La primera presentación de metilfenidato de liberación sostenida  distribuida  en  nuestro  país  es  Concerta,  que  permite  una concentración plasmática equivalente a tres dosis de metilfenidato  administradas  cada  cuatro  horas,  obviando  los  picos  y  efecto rebote, con un efecto mantenido durante 9-10 horas. El mecanismo de liberación lenta se basa en una técnica denominada OROS.

 

Atomoxetina

 

La  Atomoxetina  (ATM),  comercializada  en  EEUU  el  año  2003 con el nombre de Strattera, es un potente inhibidor de la recaptación    presináptica de noradrenalina, en tanto que su acción sobre otros receptores noradrenérgicos o sobre otros transportadores o receptores de otros neurotransmisores es mínima. Su interés viene avalado por el hecho de ser una droga que ha sido diseñada y pro- puesta como un fármaco de acción específica para el TDA/H.

 

Un campo en el que parece especialmente interesante el uso de la ATM, es en el TDA/H con ansiedad y depresión, comorbilidad frecuente en el SA.

 

Otra situación en la que la ATM podría desempeñar un papel interesante es en la asociación de TDA/H y tics, situación que también  puede  aparecer  en  el  SA.  Un  estudio  reciente  de  ATM  en pacientes con TDA/H y tics ha mostrado resultados satisfactorios, tanto para el TDA/H como para los tics.

 

Por el momento, la tolerancia de la ATM parece buena. Se han observado vómitos y   somnolencia en algunos pacientes, además de un ligero aumento en presión sanguínea y frecuencia cardiaca, como sería de esperar en una droga noradrenérgica. Sin embargo, al igual que se ha visto con el metilfenidato, estos cambios carecen de significación clínica.

 

Neurolépticos

 

Los neurolépticos o antipsicóticos se dividen en típicos y atípicos. La característica que define a estos últimos es el riesgo mucho menor de producir efectos extrapiramidales y discinesia tardía. Por este motivo, en los últimos años, los antipsicóticos atípicos se han impuesto de forma casi absoluta. El uso clásico de los antipsicóticos se dirige a la esquizofrenia y otras psicosis. Sin embargo, también han mostrado ser útiles en otros trastornos, como los tics en el   ST   y   los   problemas   de   conducta   y   agresividad   en   TEA. Obviamente, en el SA los antipsicóticos atípicos también desempeñan un papel importante.

 

Actualmente  están  disponibles  en  España  la  risperidona  y  la olanzapina.  Su  mecanismo  de  acción  consiste  en  bloquear  los receptores D2 de la dopamina y serotonina 2A.

 

Los pacientes con SA pueden presentar diversos síntomas susceptibles de tratarse con antipsicóticos atípicos. Entre las manifestaciones que pueden mejorar con estos fármacos se encuentran la ansiedad, la conducta desorganizada, las alteraciones conductuales dentro del espectro autista, la agresividad, las estereotipias y los síntomas obsesivos.

 

Las dosis, tanto para risperidona como para olanzapina, deben incrementarse muy lentamente.

 

Para la risperidona se empezará por 0,25 mg y se irá aumentando hasta tener la respuesta deseada. No se recomiendan dosis superiores  a  6  mg,  aunque  casi  siempre  basta  con  dosis  mucho menores. El número de tomas recomendado es dos al día, si bien con una sola toma por la noche, en la mayoría de casos, se obtiene la misma respuesta.

 

La risperidona es el antipsicótico atípico más estudiado en la infancia. Si bien se tolera mucho mejor que los antipsicóticos clásicos, se observan con cierta frecuencia algunos efectos indeseables, entre los cuales destacan la galactorrea y la ginecomastia ocasionada por el aumento de la prolactina. Igualmente, puede presentarse  incontinencia  urinaria,  obesidad  y,  más  raramente,  disfunción hepática. Deben controlarse la tensión arterial y la frecuencia cardiaca, especialmente si se cambia la dosis. También es posible la aparición de síntomas incipientes relacionados con discinesia tardía, en cuyo caso deberá suspenderse la medicación o reducirse en la medida posible.

 

La olanzapina se inicia con una dosis de 2,5 mg, sin llegar a 20 mg.  También  en  este  caso,  los  niños  con  SA  suelen  responder  a dosis más bajas. La olanzapina tiene un efecto sedante más acusado que la risperidona.

 

El aripiprazol es el ultimo antipsicótico atípico aparecido en el mercado español. Tiene una tolerancia mejor que los citados anteriormente, pues no produce aumento del apetito, ni somnolencia. Se recomienda iniciar con una sola toma de 5 mg por la noche, e

ir incrementado hasta 15 mg, según la respuesta.

 

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

 

En la última década, la aparición de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) ha representado un importante avance en el campo de la psicofarmacología. Los ISRS son un conjunto de fármacos que bloquean la recaptación de serotonina, un neurotransmisor importante en el sistema límbicocentro emocional del cerebro. Pueden mejorar los siguientes síntomas: ansiedad, síntomas obsesivo-compulsivos, labilidad emocional, agresividad y fobia social. La tolerancia es buena y pueden usarse en edades infantiles, aunque en nuestro país no existe la recomendación para los niños con la única excepción de la sertralina, autorizada a partir de los 12 años para el TOC.

 

A pesar de su uso muy extendido en la población infantil, existen pocos estudios controlados. Los trastornos para los cuales se han realizado estudios en niños son: TOC, depresión mayor, ST y trastornos de ansiedad. Los estudios han informado de una mejo ría parcial durante los períodos de tratamiento.

 

El espectro de trastornos sobre los que actúan los ISRS se ajusta bastante a los síntomas que presentan los niños con SA. En la edad  escolar  y  la  adolescencia  son  frecuentes  los  problemas  de fobia  social,  ansiedad,  conducta  obsesivo-compulsiva,  labilidad emocional y agresividad. En algún caso de SA se ha descrito mutismo selectivo. En estos casos, la fluoxetina es el ISRS de elección.

 

Los efectos secundarios más comunes son: aumento de la excitabilidad,   perdida de peso, náuseas y alteraciones del sueño. Es necesario  conocer  la  posible  aparición  de  una  reacción  llamada activación conductual, consistente en desinhibición (conducta desafiante), agitación y, en ocasiones, irritabilidad. También es posible

la aparición de cefaleas y temblores.

 

Melatonina

 

Algunos niños con TEA, presentan problemas para conciliar el sueño. En estos casos puede existir una disfunción del eje hipotálamohipofisario, condicionando una falta de producción de mela- tonina, considerada la hormona del sueño. Por esta razón se utilizó la melatonina en niños que no dormían correctamente y estaban afectados de encefalopatías graves, síndrome de Angelman, síndrome de Rett, autismo y Síndrome X Fragil. Posteriormente se ha extendido su uso para otras situaciones en las que, como ocurre con el SA, puede existir una dificultad para conciliar el sueño.

 

En general, no es necesario utilizar dosis elevadas. Los sensato es empezar con la dosis s pequeña e incrementarla hasta alcanzar la respuesta deseada. Si con una dosis de 6 mg no se obtiene respuesta, posiblemente no se alcance con dosis s elevadas. El momento de administración es entre 30 minutos y una hora antes de acostarse. No debe darse si el niño se despierta a media noche, como mecanismo para que reanude el sueño. El principal problema que se presenta en España es su obtención, pues no se ha autorizado su venta. En Estados Unidos, su venta es absolutamente libre y puede obtenerse en cualquier supermercado. Esto puede constituir un indicio de su inocuidad.

 

 

Productos “alternativos”

 

Una de las consecuencias de la actitud reticente al uso de psicofármacos en niños ha conducido a la expansión del uso de productos   alternativos,   también   llamados   ‘naturales’.   El   aspecto común entre ellos es que no están regulados por los controles sanitarios y de calidad requeridos para los productos registrados como fármacos. Entre estos abordajes se encuentran las megavitaminas, hierro, zinc, magnesio, piridoxina, ácidos grasos esenciales, antioxidantes, levadura de cerveza, dietas hipoglucémicas, eliminación de colorantes y aditivos de los alimentos y dietas sin gluten.

 

Un hecho común es que su efecto no se basa en un planteamiento teórico aceptado científicamente. Ninguna de estas formas de  intervención  ha  mostrado,  mediante  estudios  controlados, efectos positivos sobre los TEA. Tampoco tienen una acción diana específica que permita, por lo menos, observar de forma objetiva la respuesta terapéutica.

 

Un caso distinto es el hipérico o hierba de san Juan, cuya eficacia se ha demostrado. Su efecto se basa en un mecanismo de inhibición  de  recaptación  de  la  serotonina;  por  tanto,  su  acción  es similar a la de los ISRS. Aun así, una vez más cabe preguntarse si es más sensato usar productos de cuya concentración y pureza nos podemos fiar, o bien sustancias que actúan mediante mecanismos similares  pero  sobre  cuya  composición  no  existen  las  mismas garantías.

 

Hechas  estas  salvedades,  debe  también  admitirse  un  posible efecto placebo que justifique, en algunos casos, la utilización de tales productos, sin que ello deba convertirse en una alternativa a fármacos potencialmente más eficaces y mejor controlados.

 

 

 

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