DETECCIÓN PRECOZ DE LOS TRASTORNOS GENERALIZADOS DEL DESARROLLO.

 

                                          Ramón Cuesta García.        Licenciado en Medicina

                                                                                 Psicólogo Clínico

                                                                                 Asesor Técnico de Asperger Aragón

 

Con frecuencia, los profesionales sanitarios reciben demandas de los padres que sospechan dificultades o anomalías en el desarrollo de sus hijos. Merece la pena escucharlas porque, a menudo las sospechas de los padres, de los profesionales de escuelas infantiles o de los propios sanitarios al explorar al niño, permiten detectar algunos comportamientos que, estudiados con detenimiento, nos ponen sobre la pista de un trastorno del desarrollo susceptible de actuar sobre él. 

 

 Los Trastornos del espectro autista (TEA) o Trastornos generalizados del desarrollo (TGD), constituyen un grupo que incluye: el Trastorno autista, el Trastorno de Asperger, el Trastorno generalizado del desarrollo no especificado, el Trastorno de Rett y el Trastorno desintegrativo infantil (los dos últimos muy poco frecuentes). 

Están presentes desde el nacimiento; pero,  por la naturaleza del trastorno, el diagnóstico puede demorarse meses o incluso años. Se manifiestan como una desviación de los patrones normales del desarrollo principalmente en tres áreas del comportamiento:

. Relaciones sociales.

. lenguaje y comunicación.

. intereses y actividades.

 

(Dustin Hoffman obtuvo un oscar en 1988 por la interpretación de un joven con TEA, en la película Rain Man)

 

La incidencia de este grupo de trastornos ha ido aumentando por diversas causas, entre las que destaca el mejor conocimiento por parte de los profesionales. Actualmente se acerca a 1 de cada 100 personas, siendo mucho más frecuente en niños que en niñas.

Con frecuencia van asociados a otras patologías: esclerosis tuberosa, neurofibromatosis, ... y comparten algunas características con el Síndrome de Angelman, el Síndrome de X-frágil, el Síndrome de Williams, el Síndrome de Prader-Willi, ...

 

La causa es todavía desconocida; se investigan: factores genéticos, factores inmunológicos, agentes virales, desórdenes metabólicos, ... sin excluir vulnerabilidad genética y daño ambiental. Algún modelo propone diferentes causas con un daño final común.

 

El diagnóstico es complicado por las variaciones encontradas entre los pacientes que presentan el mismo síndrome (presencia o ausencia de lenguaje, presencia o ausencia de retraso mental, anormalidad de los patrones de comportamiento, ...)

 

No existe tratamiento farmacológico ni quirúrgico, salvo para alguna de las manifestaciones que con frecuencia acompañan a los TEA (hiperactividad, obsesiones, epilepsia, ...). Sin embargo, como ocurre con cualquier otro niño con necesidades educativas especiales, un diagnóstico temprano permite realizar intervenciones muy eficaces antes de que la desviación de los patrones normales de desarrollo haya progresado demasiado.

El tratamiento de los TEA es fundamentalmente educativo y dirigido a enseñar al niño, de manera programada y sistemática, aquellas habilidades que los demás niños aprenden de manera incidental a lo largo de su desarrollo.

 

Pronóstico: Depende de las características individuales (capacidad intelectual, nivel de lenguaje, presencia o no de trastornos asociados, ...) y de lo temprano y adecuado de su estimulación. Los que tengan dificultades en el aprendizaje requerirán cuidados y supervisión durante toda su vida. Las personas que están en el otro extremo del espectro y tienen habilidades intelectuales normales, serán parcial o completamente independientes de adultas, aún cuando necesitan ayuda especializada siendo niños.

 

La detección precoz va dirigida principalmente a identificar a los niños con riesgo de padecer TEA, para realizar el diagnóstico y la intervención lo más temprano posible. Esto supondrá una mejor asistencia al niño, y consiguientemente mejor pronóstico; también a la familia, disminuyendo su angustia y proporcionando la orientación y el apoyo necesarios.

 

Durante el primer año, la mayoría de los niños muestran un desarrollo en el que resulta difícil encontrar anomalías que nos alerten de la presencia de un TEA. Pero, desde el final del primer año y sobre todo hacia los 18 meses el niño desarrolla funciones psicológicas muy importantes en su proceso de “humanización”: desarrollo de la representación, de la imitación, del lenguaje, incremento de la interacción con las personas y desarrollo de conciencia social, ... Es en este momento cuando se describe un estancamiento en el desarrollo e incluso pérdida de habilidades previamente adquiridas en los tres campos citados:

. Relaciones sociales (no muestra objetos, no señala, no responde a su nombre, ...)

. Lenguaje y comunicación (comportamiento como sordo, contacto ocular escaso, menor relación con otros niños, aislamiento social, ...)

. Intereses y actividades (actividades rutinarias, atención hiperselectiva a objetos o partes de objetos, ...).

 

Los profesionales de Atención Primaria que vienen tratando al niño desde su nacimiento, que conocen bien cómo es el desarrollo normalizado, están en la mejor situación para detectar, por sí mismos, o escuchando las sospechas de los padres, anomalías en el desarrollo que permitan diagnosticar tempranamente el trastorno.

En la revisión de los 18 meses, del programa del lactante, se propone un cuestionario M-Chat que viene siendo utilizado, con muy buenos resultados, en detección temprana.

 

www.asperger.es               www.asperger.es/aragon/                     www.autismo.org.es

 

Bibliografía

 

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